Creo poder escuchar el susurro de un amor, su suave voz seduciendo mi oído, diciéndome por qué puedo escucharme hablar de amor, escupiendo las palabras correctas para engañar a las mentiras, traduciendo la lengua más perdida, tratando de entenderte. Sin saber que voz susurra, creyendo saberla; escucho, callo y escribo.
Creo tener la palpites de la pasión, su delicado cuerpo rozando mis manos, que hacen sentir la calidez de este ser sobre aquel cuerpo latente, acariciando las peligrosas curvas de su cadera y besando los labios del deseo. Sin tener en cuenta el dolor de la realidad, creyendo tenerla; respiro, veo y toco.
Quisiera yo, dejar de tiritar, quizá empezar a hacer de la fe, mi acto encarnado a la realidad, que así es.
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