La razón del ser humano es tan complicada y a la vez tan simple he ahí la locura de su existencia, y la locura de su propio “destino final” que busca un punto final que no existe, o quizá sí, pero es el hecho de que tal punto es el final de finales de un aliento vacío de dolor. Es el hecho de creer en el posible y realmente inalcanzable.
El porqué, por qué… es lo que aborda en la mente del pensamiento humano, lo que desborda toda lógica pareciendo lo lógico. Si lo ponemos en duda, la duda quebranta la explicación y quedamos de nuevo en un punto sin partida. Es la irracionalidad del pensar, del buscar una razón de existir, sin embargo, es imposible no hacerlo, la condena de razonar lo que razonamos y razonar aquel razonamiento. Maldita Condena.
Mi hormiga murió... la aplastaron libros de filosofía, siendo enterrada por letras que probablemente son más incoherentes que ella misma, probablemente sus susurros marcaron una mente más que propia botada en los pastizales con cierto olor a lluvia.
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