Mi mirada consternaba lo más oscuro de la noche, yo que planeaba huir del sentimiento provocado por la incertidumbre de estar aquí, habitando una casa con seres, prácticamente solo. Pensé en quizá soplar una nube de llanto, o tal vez quemar el recuerdo atraído por la nostalgia pero no sentía nada… Nada.
La luz que hacía tiritar mis miedos se quedo atrás, se apagó o no lo sé. Lo importante es que no estaba y yo sí, listo para someterme en una caja de emociones como la hipocresía y el engaño que son bellos salvo cuando se te son obligados a usar en tu contra pero la noche es joven para resignarse a unos cuantos gestos con toque agridulce. Un poco de sal a la noche no le cae un poco mal, ni un poco de amor a la luna por joven.
Una estocada de vino, una rosa pintada de azul o un cigarrillo sin consumir puesto en boca del que flaquea en la mente de un escritor olvidado por las noches de júbilo y desesperación provocadas por esta época, que hace nacer sentimientos y emociones incontrolables, despreciables es el adjetivo que uno busca… Busca, sin respuesta, como toda noche él hace, me pregunto fuera de mí si es insistido esta búsqueda sin final, si es el desacuerdo entre mi dios y el tuyo, si es el confrontar mi querer y mi deseo o simplemente es el miedo a perder el sueño.
Y busca… más en esta noche, que me hace respirar este hedor insoportable y me hace recordar al olvido, me hace matar lo muerto para revivirlo. Ahora, en este momento mi única acompañante de momento es ella, está arriba aclareciendo pensamientos oscuros, compartiéndome su soledad y enseñándome lo pequeño de mí. Pensar en uno mismo es mi filosofía hasta que el pensamiento se separa de mí para jugar un rato, cuando se cree en ciertas palabras hasta que la realidad te hace ver que ni las conoces, están escritas pero no se sienten.
Mis palabras tiritan en este momento, son escritas con cierta fragilidad pero resisten el “qué dirán” creo yo… Pues esta noche “especial” es en la que ni yo mismo he de confiar en mí.
Obligado a estar con gente que no es de mi estar, soportando las miradas que dicen más que dos palabras, reprimiendo la furia de la verdad, sofocando mis ganas de ir. Al final… se pierde, se gana, o no pasa nada, sólo quedan esas ganas de decir lo que sientes. Bienvenida seas oh dulce represión, atascada de insoportables burlas de uno para uno.
Todo sea por una feliz Navidad, feliz… feliz… feliz… Yo quisiera creer en lo feliz.